Por ejemplo, acostumbrarse a revisar periódicamente los extractos bancarios y los cargos en las tarjetas, a comprobar que sigues el presupuesto familiar , o a ajustar cada cierto tiempo los límites operativos de las tarjetas al uso que realmente les das.
Estos buenos hábitos son clave para evitar problemas por descuidos propios, por errores en los pagos en comercios e incluso por fraude. Nunca se sabe cuándo te puede tocar un cargo en cuenta repetido o ser víctima de un ataque de phishing , por lo que estar siempre preparado ayudará a evitar grandes males.
Otra buena razón por la que merece la pena desarrollar estas buenas prácticas como hábitos es la