En inversión se habla a menudo de ‘toros’ y ‘osos’ para describir etapas alcistas y bajistas en los mercados financieros. Son metáforas sencillas para una realidad algo más compleja: los precios no se mueven en línea recta sino que encadenan periodos de subidas y caídas.
Toros frente a osos: ¿cuál es la diferencia?
Los toros y osos no son solo mascotas de Wall Street. Estos términos describen la tendencia general de los precios de las acciones a lo largo del tiempo.
Un mercado alcista se produce cuando los precios de las acciones suben y aumenta el optimismo de los inversores. Se define normalmente como una ganancia del 20 % o más en un índice bursátil, como podría ser el Ibex 35 o el S&P 500, durante al menos dos meses. Aunque la expresión se usa sobre todo para la bolsa, puede aplicarse a cualquier producto financiero, ya sean bonos, divisas o materias primas.
Un mercado bajista es justamente lo contrario, y se produce cuando los precios de las acciones caen y predomina el pesimismo entre los inversores. Esto suele significar que los precios han caído un 20 % o más y se han mantenido durante al menos dos meses.
¿Qué factores impulsan uno u otro?
Los mercados alcistas suelen aparecer en entornos económicos favorables, cuando los inversores se sienten optimistas. Suelen impulsarse por factores como tipos de interés a la baja, aumento de los beneficios empresariales, fuerte crecimiento económico, o inflación estable, que favorece el consumo y la inversión. En conjunto, este clima de confianza anima la entrada de nuevos inversores y sostiene la tendencia de precios al alza.
Por el contrario, los mercados bajistas surgen cuando la confianza se deteriora y la economía muestra señales de debilidad. Suelen estar asociados a recesiones, inflación elevada, subidas de tipos de interés, tensiones geopolíticas o valoraciones excesivas que terminan estallando cuando la realidad se impone. Estos elementos reducen el gasto, la inversión y las expectativas, provocando que muchos inversores vendan sus acciones y se generan caídas prolongadas en los precios. Pero, como todos los ciclos del mercado, los mercados bajistas acaban pasando.
Por qué hablamos de toros y osos
Las expresiones “toros” y “osos” reflejan optimismo y pesimismo en los mercados, aunque sus orígenes no están del todo claros. La más divulgada apela a la manera en que ataca cada animal: el toro embiste de abajo hacia arriba con los cuernos, una imagen que recuerda a la subida de los precios en un periodo alcista; el oso, en cambio, ataca con un zarpazo de arriba hacia abajo, como cuando los precios caen en un periodo bajista. No es una etimología demostrada, pero funciona como regla mnemotécnica sencilla: toro, arriba; oso, abajo.
Otra explicación histórica relaciona el término “oso” con los comerciantes de pieles en la Europa del siglo XVI
. Estos intermediarios vendían pieles que aún no poseían, esperando comprarlas más baratas después para obtener beneficio. De ahí surge la expresión “no vendas la piel antes de cazar el oso”. A estos vendedores se les llamaba “bearskin jobbers”, que con el tiempo pasó a “bears”, asociándose con operaciones a la baja y, en consecuencia, con mercados bajistas.
También hay una versión que sostiene que, durante varios siglos, se organizaron espectáculos donde toros y osos se enfrentaban
. Esta oposición simbólica terminó formando parte del imaginario colectivo y conecta adecuadamente con la idea del mercado como una dinámica entre fuerzas alcistas y bajistas.
En resumen, más allá del folclore, lo relevante para el inversor es la utilidad pedagógica: “toro” y “oso” nos permiten hablar de optimismo y pesimismo de forma clara
, sin tecnicismos, y recordar que los mercados alternan ciclos de subidas y de caídas.
Cómo actuar frente a los mercados bajistas y alcistas
En definitiva, los mercados alternan fases de optimismo y de incertidumbre, y las metáforas del toro y el oso solo nos recuerdan algo esencial: los ciclos son inevitables.
Lo que sí está en manos del inversor es cómo afrontarlos. En lugar de dejarse llevar por cada evento inesperado del mercado, es más eficaz tener una estrategia y mantenerla. A largo plazo, la disciplina es la que tiende a construir resultados más sólidos
, por lo que la clave no está en predecir el próximo movimiento del mercado, sino en mantener el rumbo.