¿Cómo actuar durante las caídas de la bolsa?
> “Si lo pasas mal imaginando una caída del 20 % en el mercado, no deberías tener acciones en tu cartera” – John C. Bogle
En estos meses difíciles para las inversiones en bolsa, el consejo de Bogle puede ayudar a los inversores a calmar sus nervios ante las grandes bajadas. Tanto él, como otros grandes inversores de la historia como Peter Lynch o Warren Buffett, sabían con certeza que esto iba a ocurrir. No que esto iba a pasar por el conflicto entre Rusia y Ucrania, pero sí que los periodos de grandes crisis en los mercados son inevitables. Ya sea por una recesión económica, por una subida previa excesiva en los precios de las acciones o por tensiones políticas (como en las guerras del petróleo de los 70): las causas pueden variar, pero si uno va a estar invirtiendo 20-25 años en bolsa tiene que asumir que pasará al menos 3-4 trimestres muy malos, con caídas del 20-25 % (o más). Ahora que se han vivido semanas complicadas para las inversiones, este consejo nos ayuda a recordar que no estamos ante algo excepcional, ha habido decenas de grandes crisis en el pasado (y las habrá en el futuro) y lo normal es que, como en 1987, 2001 o 2008, superemos ésta mucho mejor de lo que los inversores de esas fechas pensaban mientras se producían aquellas caídas.

¿Qué opciones tiene el inversor medio para afrontar los desplomes en la bolsa?


Durante las crisis, cuando se acumulan las jornadas en rojo, los inversores pasan por distintos momentos de optimismo y de pesimismo.
El optimismo gira en torno a nuestras capacidades e intuición: en algún momento, todos pensamos que podemos anticipar lo que ocurrirá. Tenemos un pálpito (“la pequeña subida de esta semana es temporal, volverá a haber un desplome la semana que viene”) o empezamos a leer los gráficos buscando tendencias (“ha tocado suelo, a partir de aquí sólo puede ir hacia arriba”). Y entonces, compramos, vendemos o apostamos en la dirección que marca esa intuición.
El pesimismo suele ir centrado en la situación del mercado, al que no vemos posibilidad de mejorar. Un apunte importante: las caídas en bolsa suelen tener una explicación racional. En la crisis del 2008 era lógico pensar que el colapso del sistema financiero llevaría a una profunda recesión a algunos de los países más ricos y que empujaría a miles de empresas a tener pérdidas o, incluso, a quebrar.
Del mismo modo, cuando ocurrió la crisis del COVID-19 se esperaba que las empresas recortaran sus previsiones de beneficios para los próximos años y, por eso, sus acciones valieran menos. La pregunta es hasta dónde debe llegar ese ajuste de valoración. Y aquí entra en juego el exceso de pesimismo: lo vemos todo negro, y empezamos a pensar que lo que debería ser temporal, irá a peor y tendrá consecuencias catastróficas. Los inversores huyen del mercado y lo que debería ser una corrección normal se convierte en un crac, con caídas del 20-40-60 % de los índices y hundimientos de empresas que parecían sólidas hasta hace unas semanas. La lógica desaparece y el miedo lo invade todo.
Nadie sabe cómo será el mundo en 5 años. Pero como dice Warren Buffett, “apostar contra el ser humano, y contra su capacidad de innovación y adaptación, ha sido casi siempre una mala opción”.


Tres principios a tener en cuenta durante las grandes caídas en bolsa

Si nos fijamos en crisis anteriores, hay 3 principios que deberían guiar la actuación del inversor particular estos días. La clave está en controlar las emociones (somos más emotivos de lo que pensamos), creemos que tomamos decisiones racionales, pero la realidad es que a menudo nos dejamos arrastrar por el miedo o la euforia (dos malos consejeros). Ver lo que ha ocurrido en el pasado no nos va a proteger ante una mala decisión, pero sí es una forma de tomar distancia y analizar el presente de manera más segura. Como ejemplo, usaremos la bolsa de Estados Unidos que tiene más historia y relevancia que la bolsa española.

1. Todo lo que baja…

El primer gráfico está dedicado a los que lo ven todo de color negro (casi todos nosotros, en alguna ocasión). Muestra cómo se ha movido el mercado americano en los últimos 90 años. Los períodos en naranja marcan los mercados alcistas (bull markets) y los grises, los bajistas (bear markets), del índice S&P 500.
Períodos alcistas y bajistas del S&P 500 Pulsa aquí para una versión accesible a la gráfica El gráfico muestra los períodos alcistas y bajistas en el mercado estadounidense, a partir de datos diarios del índice S&P 500. Un mercado alcista es aquel que ha subido un 20 % o más desde el mínimo de mercado y un mercado bajista el que cae un 20 % o más desde el anterior máximo. El gráfico comienza en enero de 1928 y muestra que los periodos alcistas han sido de media más duraderos y han subido más que lo han bajado sus mercados bajistas precedentes. La sucesión de períodos es la siguiente:
Mercado alcista que dura 20 meses en el que la bolsa sube un 88 % Mercado bajista que dura 32 meses en el que la bolsa baja un 86 % Mercado alcista que dura 56 meses en el que la bolsa sube un 324 % Mercado bajista que dura 60 meses en el que la bolsa baja un 60 % Mercado alcista que dura 48 meses en el que la bolsa sube un 158 % Mercado bajista que dura 36 meses en el que la bolsa baja un 30 % Mercado alcista que dura 84 meses en el que la bolsa sube un 266 % Mercado bajista que dura 14 meses en el que la bolsa baja un 21 % Mercado alcista que dura 49 meses en el que la bolsa sube un 86 % Mercado bajista que dura 6 meses en el que la bolsa baja un 28 % Mercado alcista que dura 43 meses en el que la bolsa sube un 80 % Mercado bajista que dura 8 meses en el que la bolsa baja un 22 % Mercado alcista que dura 25 meses en el que la bolsa sube un 48 % Mercado bajista que dura 18 meses en el que la bolsa baja un 36 % Mercado alcista que dura 31 meses en el que la bolsa sube un 74 % Mercado bajista que dura 20 meses en el que la bolsa baja un 48 % Mercado alcista que dura 73 meses en el que la bolsa sube un 126 % Mercado bajista que dura 20 meses en el que la bolsa baja un 27 % Mercado alcista que dura 59 meses en el que la bolsa sube un 229 % Mercado bajista que dura 3 meses en el que la bolsa baja un 34 % Mercado alcista que dura 31 meses en el que la bolsa sube un 65 % Mercado bajista que dura 3 meses en el que la bolsa baja un 20 % Mercado alcista que dura 111 meses en el que la bolsa sube un 417 % Mercado bajista que dura 30 meses en el que la bolsa baja un 49 % Mercado alcista que dura 59 meses en el que la bolsa sube un 101 % Mercado bajista que dura 17 meses en el que la bolsa baja un 57 % Mercado alcista que dura 129 meses en el que la bolsa sube un 401 % Mercado bajista que dura 1 meses en el que la bolsa baja un 34 % Mercado alcista que dura 2 meses en el que la bolsa sube un 32 %
¿Cuándo se convierte un mercado alcista en uno bajista? Cuando pierde más del 20 % del valor máximo alcanzado (y al revés para uno bajista). Cuando eso ocurre, miramos cuál ha sido ese máximo y a partir de ahí, comienza a contar la duración del bear market.
Mirando los últimos 90 años de bolsa, ¿qué podemos aprender de los mercados alcistas y bajistas?
Los mercados bajistas duran menos, de media, que los alcistas. Los dos últimos han durado 30 meses (marzo del 2000 a octubre del 2002, tras la explosión de la burbuja de las puntocoms) y 17 meses (octubre del 2007 a marzo del 2009, en los peores meses de la crisis financiera). Los mercados alcistas que sucedieron a aquellas dos correcciones duraron 60 y 131 meses respectivamente (esta es la racha más larga desde 1929). Además, hay otro dato clave: desde 1932, no ha habido ningún mercado alcista que haya ofrecido retornos inferiores a las pérdidas en el mercado bajista previo. Podríamos pensar en un mercado bajista en el que se pierde el 90 % seguido de uno alcista de sólo un 40 % de subidas, en el que no recuperaríamos nuestra inversión inicial, pero, desde 1932, eso no ha ocurrido nunca. El desplome de los 15 primeros días de marzo de este año ha sido el más rápido de los últimos 80 años: en solo diez-quince sesiones, se acumularon pérdidas del 25 % o más en casi todos los índices. Del mismo modo, la recuperación también ha sido acelerada.
En este contexto, no sería nada extraño ver movimientos bruscos en los próximos meses. Incluso que se vuelva a ver otro desplome, sobre todo si las noticias sobre el conflicto empeoran. Por eso, lo importante es la tendencia general: las grandes recesiones van seguidas de períodos de recuperación. Y es lógico: al final, la bolsa no es otra cosa que un mercado que refleja la valoración que todos hacemos sobre las grandes empresas de un país. Si hay crecimiento, si la humanidad sigue avanzando, si conseguimos mejoras tecnológicas y en nuestro nivel de vida, la bolsa lo reflejará. Dentro de 20-25 años nuestro mundo será mejor que el actual. Y, por eso, en los últimos doscientos años, la mejor inversión a largo plazo ha sido la bolsa.

En el corto plazo, la bolsa no es apta para inversores que vayan a necesitar sus ahorros en los próximos meses o años (por ejemplo, las personas que estén cerca de su jubilación no deberían tener el 100 % de su dinero en renta variable). En la última crisis, de 2007 a 2009, el mercado tardó casi dos años en volver al máximo tras las caídas de 2007-08. Tras el desplome de las puntocoms en el 2000, ese período de transición estuvo más cerca de los tres años. Y es evidente que no es fácil, para alguien que entre en el pico, aguantar 2-3 años con pérdidas. Por eso, ver lo ocurrido en el pasado puede ser una buena ayuda para afrontar esos momentos.

2. No es necesario ser ‘el más listo’

Esta reflexión es para los optimistas, no tanto sobre la bolsa, si no sobre sus propias capacidades, aquellos que lo ven claro y dicen “ahora hay que comprar” o “es el momento de vender”.
Los expertos lo llaman “market timing”: intentar adivinar cuándo se llega al máximo y al mínimo y actuar en consecuencia. Porque una cosa es saber que la bolsa subirá en un momento u otro pero, ¿cuándo? Entrar cuando cae un 5 %, si luego se desploma un 20 % adicional… no parece una gran idea. Lo que todos querríamos es llegar al mercado en el momento de máxima depresión, en ese día que los libros de historia recogen como el que llegó a mínimos. Si lo consiguiéramos, el retorno sería impresionante: nos meteríamos en el bolsillo todo el recorrido alcista que vendría detrás…
El coste de perderse los mejores días Pulsa aquí para una versión accesible a la gráfica El gráfico muestra la rentabilidad total y por décadas de un inversor que hubiera invertido en el índice S&P 500 el 1 de enero de 1930, hasta el 1 de enero de 2020, un total de 90 años. Se compara la rentabilidad con la que habría conseguido un inversor que, queriendo adivinar los movimientos del mercado, se hubiera perdido los diez mejores días de cada década. La rentabilidad total del primer inversor habría sido del 14.962 %, mientras que la del segundo inversor habría sido del 98 %. La rentabilidad por década es la siguiente:
Década 1930 a 1940: el inversor permanente consigue una rentabilidad del -42 %, el que se pierde los 10 mejores días del -79 % Década 1940 a 1950: el inversor permanente consigue una rentabilidad del 35 %, el que se pierde los 10 mejores días del -11 % Década 1950 a 1960: el inversor permanente consigue una rentabilidad del 257 %, el que se pierde los 10 mejores días del 169 % Década 1960 a 1970: el inversor permanente consigue una rentabilidad del 54 %, el que se pierde los 10 mejores días del 12 % Década 1970 a 1980: el inversor permanente consigue una rentabilidad del 17 %, el que se pierde los 10 mejores días del -21 % Década 1980 a 1990: el inversor permanente consigue una rentabilidad del 227 %, el que se pierde los 10 mejores días del 114 % Década 1990 a 2000: el inversor permanente consigue una rentabilidad del 316 %, el que se pierde los 10 mejores días del 181 % Década 2000 a 2010: el inversor permanente consigue una rentabilidad del -24 %, el que se pierde los 10 mejores días del -62 % Década 2010 a 2020: el inversor permanente consigue una rentabilidad del 185 %, el que se pierde los 10 mejores días del 91 %
El problema es que es imposible lograrlo y muy arriesgado pensar que se puede. Este gráfico refleja los beneficios que habrían tenido dos inversores en la bolsa americana por década, desde 1930. Dos inversores que sólo se diferencian en un aspecto: uno de ellos se perdió los 10 mejores días del mercado de cada década. ¿El resultado? Su amigo obtuvo un rendimiento acumulado del 14.962 % (10.000 dólares se convirtieron en 1,5 millones), mientras que él se quedó en un 98 % (menos de un 1 % anualizado).

¿Sólo por perder 10 días cada 10 años? Sí. Es cierto que nadie va a perderse justo esos diez días, incluso si lo intentara a propósito. Pero muestra que intentar entrar o salir del mercado para aprovechar esa rentabilidad extra que nos pueden dar los últimos días de un mercado bajista es un error. Perdernos los días de fuertes subidas (y, casi siempre, suceden en las semanas siguientes a los días de fuertes bajadas) puede ser un golpe durísimo a nuestra rentabilidad.

3. Una orden automática… y olvidar las contraseñas

Por último, una respuesta muy corta a la pregunta más repetida de las últimas semanas: ¿Qué hacer en mitad de todo este revuelo? Lo más sencillo, no hacer nada. Veamos por qué esta puede ser una gran opción.

Hasta ahora, hemos hablado de las subidas y bajadas del mercado desde que comenzó el mercado alcista de 1932. Es decir, hemos dejado de lado la caída que vivió la bolsa norteamericana desde octubre de 1929 y que duró casi 3 años en los que el índice perdió más de un 80 % desde su máximo.

Aunque probablemente ahora la situación no sea la misma, con un par de datos se puede entender los beneficios de actuar movidos por el miedo.

Imaginemos un inversor que tuviera la mala suerte de entrar en el mercado el día antes del famoso jueves negro de octubre de 1929. ¿Cuánto tiempo habría tenido que esperar para recuperar su nivel inicial? (recordemos que perdió el 82 % de lo invertido). Es cierto, el índice no recuperaría el valor de máximos hasta 25 años después, en 1954.

Pero parece poco realista pensar en un inversor que mete dinero el día 23 de octubre de 1929 y lo deja ahí, esperando a ver qué pasa. Además, sería una estrategia arriesgada, porque buena parte de la rentabilidad dependería del momento del mercado elegido, algo que nunca se puede anticipar. Pensemos en otra forma de invertir: alguien que mete 100 dólares en octubre del 29 y sigue invirtiendo esa misma cifra cada mes hasta julio de 1932, momento en el que se alcanza el mínimo y comienza el mercado alcista. ¿Cuándo habría recuperado este inversor su posición? ¡En 1936! La clave es que compró muy caro (en octubre de 1929) pero también muy barato (en los sucesivos desplomes que hubo desde entonces).

En definitiva, invertir en bolsa a largo plazo (1. de forma diversificada; 2. con periodicidad; 3. sin intentar hacer market timing; 4. no entrando en pánico con las bajadas ni sumándonos de forma alocada a los momentos de euforia; 5. con bajos costes en comisiones) sigue siendo una estrategia que tiene todo el sentido ante los desplomes y caídas de la bolsa. Es como apostar por la humanidad, por su capacidad de innovación y de mejorar sus estándares de vida en el futuro. Y por eso mismo, si se quiere aprovechar esa enorme fuerza, hay que estar en el mercado: las probabilidades de perder dinero en bolsa (y hablamos siempre de inversión pasiva en índices bien diversificados) se hunden según aumenta el tiempo que estamos invertidos. A más de 20 años, no hay ningún período en la historia (ni siquiera de 1929 a 1949) en el que las rentabilidades no sean positivas (sumando revalorización del índice más dividendos y hablamos de bolsa en EEUU, el país con más estadísticas al respecto).

El otro día leíamos en un foro especializado: “Para el inversor medio, sea cual sea la situación del mercado, la mejor estrategia en bolsa consiste en poner a su gestor una orden para que le invierta 200 dólares al mes en un fondo índice barato… y luego olvidar la contraseña de la cuenta y no hacer nada para recuperarla en los próximos 20 años”. Interesante reflexión.
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