El funcionamiento de los depósitos a plazo fijo es sencillo. Se trata de un producto financiero por el cual una entidad financiera, a cambio del mantenimiento de una
El término «a plazo fijo» no suele utilizarse en la práctica, sino que tanto los bancos como los clientes utilizan el plazo durante el cual el dinero va a estar inmovilizado. Por ejemplo, «depósito a dos años» o «depósito a tres meses».
En los folletos y escaparates de las sucursales bancarias aparecen tanto el tipo de interés como el plazo del depósito. El primero de ellos suele venir reflejado como la TAE que, al ser una tasa anual, ha de convertirse a una magnitud que permita realizar el cálculo correspondiente si el plazo del depósito no es anual (es decir, si es trimestral, semestral, bimestral…).
En general,
Estas condiciones suelen ser parte de la letra pequeña del contrato, a la que pocas veces le solemos prestar atención. Sin embargo, es un elemento trascendental. Cada entidad cuenta con sus propias fórmulas y cláusulas, pero normalmente suelen aplicar una
No obstante, según el código de buenas prácticas recogido por el Banco de España, el importe de estas penalizaciones no debe superar nunca al de los intereses brutos devengados.
Sin embargo, los depósitos a plazo fijo siguen siendo el producto preferido por aquellos ahorradores que tienen una mayor aversión al riesgo. Las razones de esta aceptación son diversas, pero se resumen en las siguientes:
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Son productos muy seguros que, además,
tienen cubiertos los primeros 100.000 € a través del Fondo de Garantía de Depósitos español. El depositante no deberá preocuparse, por tanto, por la incertidumbre asociada a todo producto de inversión puesto que, al menos en el caso de los depósitos, el montante total está garantizado. -
El tipo de interés es, generalmente,
superior al de otros productos de renta fija como las letras, los bonos y las obligaciones del Estado. Esto se explica por la aparente menor seguridad que ofrecen los bancos con respecto a los Gobiernos. -
Su operativa es sencilla. Tradicionalmente, nuestro director de oficina nos ofrecía este recurso y
nosotros, que confiábamos en él, aceptábamos las condiciones propuestas. Una vez hecho esto,
ya teníamos contratado un nuevo producto de ahorro . En otros productos de inversión, la operativa o bien es más compleja o bien requiere que hagamos transferencias de nuestro dinero a otras cuentas algo que, en muchas ocasiones, nos cuesta mucho trabajo.