Aprovecha las épocas de rebajas
Cuando quieras comprar algo que supone un desembolso de dinero, y si no te corre prisa, puedes mirar precios y esperar a la época de rebajas, de Black Friday o de descuentos
especiales en alguna tienda.
El simple hecho de esperar , en vez de comprarlo en el momento, ayuda a reducir las compras impulsivas (esas compras que haces porque te hacen sentirte bien), porque conforme pasa el tiempo te das cuenta de que en realidad no lo necesitabas tanto como pensabas.
No te compares con el vecino, ni con tus amigos
Es una tentación frecuente mirar de reojo el nivel de vida de los vecinos o de los amigos, especialmente si dan imagen de gastar más dinero. Eso arrastra a mucha gente a vivir por encima de sus posibilidades: a pedir préstamos para irse de vacaciones a un sitio al que no podrían ir de otra manera, o comprar un coche nuevo y caro para el que no tenían ahorros. Y así sentirse bien y dar imagen de una riqueza que, en realidad, no tienen.Los ahorros se generan, por definición, gastando menos de los que ingresas. Cuanto menos te importe lo que los demás piensan de ti y de tu riqueza, menos cosas caras e innecesarias vas a querer comprar.
Revisa el alquiler
Quizá sea el truco más claramente dirigido a los jóvenes que se independizan. Con mucha frecuencia, por comodidad, buscan pisos compartidos, pero en el centro de las ciudades. Eso aumenta el precio del alquiler, especialmente en los sitios con más tensión en los precios. Si estás empezando a trabajar y gran parte del sueldo se va en pagar el alquiler, quizá te compense irte a las afueras, aunque pases algo más de tiempo en transportes.
Ahorra en los gastos de casa
Pequeños hábitos como dejar las luces apagadas al salir de una habitación, ventilar a primera hora en verano para refrescar la casa, apagar la radio, televisión, ordenador, etc. cuando no se están usando, o ir algo más abrigado en casa para bajar la calefacción en invierno, ayudan a reducir las facturas. Y, por supuesto, revisar al menos una vez al año si nuestras tarifas de gas, luz y teléfono son las más adecuadas a nuestro gasto.
Domicilia las facturas y los impuestos
Si no tienes las facturas de la luz, el agua, el gas o el teléfono domiciliadas, corres el riesgo de que se te pase un pago, aparte de tener que dedicar un tiempo cada mes a pagar esas facturas. Lo mismo pasa con los impuestos recurrentes, como el IBI o el impuesto de circulación (IVTM). Además, en algunas ciudades se incentiva la domiciliación haciendo un pequeño descuento según se pague de una u otra forma.
Revisa las suscripciones
Las empresas cada vez buscan más que nos suscribamos a cosas, porque para ellas son formas de seguir generando dinero cada mes / trimestre / año. Pero es nuestra responsabilidad revisar con frecuencia las suscripciones y lo que nos aportan, para que no nos veamos pagando todos los meses algo que no utilizamos, o que no es importante para nosotros.