Las cinco preguntas básicas que tienes que saber contestar antes de invertir
El producto de inversión ideal no existe. Para cada persona y cada circunstancia habrá un producto más adecuado, pero no hay uno solo que sirva para todo el mundo en todas las circunstancias. Por eso es tan difícil hacer recomendaciones que sirvan para todos. Alguien que va a necesitar el dinero en unos meses no debería invertir en bolsa, mientras que alguien que no necesita el dinero en muchos años sí que podría invertirlo en fondos de renta variable o acciones.
Lo que sí hay es formas de entender si un producto se adapta a nosotros, haciendo algunas preguntas. Sólo debemos dar el paso de invertir en un producto si sabemos responder a estas preguntas y las respuestas nos dejan tranquilos.
1. ¿En qué estoy poniendo mi dinero?
Una vez que el el dinero sale de mi cuenta, ¿a dónde va? Si estoy contratando un depósito, sé que el dinero lo utiliza el banco para dar hipotecas, o préstamos o comprar bonos.
Si estoy comprando acciones de una empresa, a qué se dedica esa empresa, qué dividendos ha pagado en el pasado, cuál es su PER (ratio de precio sobre beneficios), qué perspectivas de futuro tiene…
En el caso de fondos de inversión, hay que entender qué van a hacer con el dinero: la filosofía de inversión que tiene el fondo, qué porcentaje dedica a renta fija y renta variable, si está centrado en un sector determinado o en un mercado (España, Estados Unidos, mundo), si invierte en empresas grandes o pequeñas, en qué moneda invierte…
Si estamos comprando una vivienda o una plaza de garaje como inversión, habrá que entender cómo es la zona, qué tipo de gente querrá alquilarlo, cuál es el alquiler medio por la zona, etc.
2. ¿Qué tiene que pasar para que reciba mi dinero de vuelta y gane un poco?
Tenemos que entender bien cuál es el plazo de la inversión (si llega un momento en que nos devuelven el dinero, o si hay un plazo recomendado, pero somos nosotros los que decidimos cuando vender).
Y qué pasa si necesitamos sacar el dinero en algún momento de forma urgente, ¿es fácil de vender? ¿hay compradores en todo momento? ¿requiere de un proceso tedioso?
3. ¿Estoy comprando algo o estoy prestando el dinero a alguien?
No es lo mismo comprar una acción, que es un trocito de una empresa, e implica que una parte de la empresa es tuya (y tienes derecho a votar y a recibir dividendos si se reparten), que comprar un bono o invertir en un fondo de renta fija, que implica prestar el dinero a gobiernos o empresas, a través del fondo que compra los bonos. Tampoco es parecido comparar oro, que no deja de ser un trozo de metal que no genera dividendos ni intereses, pero que puedes almacenar en casa.
4. ¿De quién depende que yo cobre? ¿Quién es mi contraparte?
Igual que dedicamos tiempo a decidir la compra de un coche o una TV, en función de cómo somos y lo que queremos, hay que dedicar tiempo a entender dónde va a estar invertido el dinero, quién lo tiene y cómo se decide que el dinero vuelva a mí. ¿Cuáles son las reglas del mercado en el que se compra y vende mi producto?
5. ¿Cuál es la combinación de rentabilidad y riesgo?
Si todo sale bien, ¿cuál es el nivel máximo de ganancias que puedo tener? Y si las cosas se tuercen, ¿cuánto dinero podría recuperar? Por ejemplo, al comprar una Letra del Tesoro, la rentabilidad se sabe desde el inicio y el riesgo es el de dejarle el dinero al Gobierno de España. Al comprar una acción de una empresa la rentabilidad puede ir desde perderlo todo a multiplicar el dinero varias veces, por eso decimos que el riesgo es muy superior, pero la rentabilidad también lo puede llegar a ser.
Hay que tener claro qué tiene que pasar para perderlo todo.
Un consejo extra
Con estas preguntas respondidas, nuestra vida como inversores será mucho más sencilla y estaremos más tranquilos cuando haya movimientos bruscos en el precio, porque sabremos lo que hay detrás. Se pueden resumir en una sola: no invertir en ningún producto que no conozcamos y comprendamos bien.
El consejo final es mirar siempre el precio (las comisiones) de aquello en los que pensamos invertir. Es lógico pagar algo por la gestión y el servicio. Pero ni todas las comisiones están justificadas ni todos los gestores o asesores las merecen. Y a largo plazo, una comisión en apariencia pequeña puede marcar la diferencia entre una buena rentabilidad y una inversión decepcionante.