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Los fondos que te pagan dividendos Hay un momento, al construir una cartera, en el que muchos inversores se hacen la misma pregunta: ¿quiero que mi inversión me pague ahora… o prefiero que las ganancias se reinviertan y retirar más dinero más adelante? De esa duda nacen dos caminos: los fondos de inversión acumulación, que reinvierten los dividendos e intereses, y los de distribución, que los reparten periódicamente a los partícipes.  
Fondos de acumulación y distribución ¿cuál es para mí? Al gestionar un fondo de inversión, sea del tipo que sea, es común que las inversiones generen rendimientos. Muchas acciones de empresas pagan dividendos, y los bonos pagan intereses, así que el fondo recibe entradas de dinero que no vienen de los partícipes. Con ese dinero, el gestor tiene que elegir una de las dos vías posibles, según a lo que se haya comprometido en el folleto del fondo:  En un fondo de inversión de acumulación, esos rendimientos se vuelven a invertir en aquello en lo que invierte el propio fondo. La estrategia es beneficiarse del interés compuesto: los dividendos que pagan las acciones se usan para comprar más acciones, que a su vez se espera que den dividendos en el futuro. Este fondo puede ser más útil para quienes no necesitan tener ingresos extra ahora y prefieren dejar el dinero invertido con la expectativa de que crezca más rápido.  En cambio, en un fondo de inversión de distribución o de reparto, todos los rendimientos que se obtienen, o al menos una parte de ellos, se distribuyen a los partícipes. Normalmente se pagan de forma periódica, agrupándolos. Este fondo lo prefieren los inversores que necesitan tener una fuente de ingresos extra, ya sea para gastarlo, o para invertirlo en otros productos. 
Imagina que dos personas invierten 100 € cada una en un fondo. Una selecciona la clase de acumulación (en el nombre del fondo suele poner “Acc”) y la otra opta por la clase de distribución (suele incluir “Dist”). Al cabo de unos meses, una empresa paga un dividendo y a cada partícipe le corresponden 2 euros. Quien eligió la clase de acumulación verá cómo el valor de su inversión sube a 102 euros (asumiendo, para el ejemplo, que la cotización de acciones o bonos no se ha movido en ese tiempo). Por otro lado, quien prefirió la clase de distribución mantendrá sus 100 euros en el fondo y al final del trimestre recibirá 2 euros en su cuenta.   ¿Qué fondos reparten dividendos? Dentro de los fondos de inversión de distribución o de reparto, hay dos grandes familias de productos.   En primer lugar, los fondos que reparten dividendos porque es su objetivo, es decir, porque están gestionados con una estrategia de maximizar los ingresos por dividendos e intereses. Para lograrlo, seleccionan empresas que habitualmente pagan dividendos de manera estable y, en muchos casos, creciente. Estos fondos suelen ser menos volátiles que el mercado general, aunque pueden tener una rentabilidad inferior al mercado durante épocas dominadas por compañías de alto crecimiento, que normalmente no distribuyen dividendos.  Por otro lado, están los fondos de inversión que reparten dividendos, aunque no tienen un objetivo de maximizarlos. Aquí podemos encontrar fondos con todo tipo de estrategias, por ejemplo:  Fondos indexados  Fondos activos de renta variable  Fondos de renta fija  Fondos mixtos  Fondos inmobiliarios  En estos fondos suele ser más conocida la clase de acumulación, pero dan la opción de distribución para aquellas personas que quieran invertir con esa estrategia y, al mismo tiempo, recibir ingresos recurrentes. 
¿Qué impacto tienen los dividendos en la tributación? Llegados a este punto, conviene detenerse en la fiscalidad. Sin entrar en casuísticas particulares, es fácil intuir la diferencia de tiempos: mientras que en los fondos de distribución se pagan impuestos al recibir dividendos, en los fondos de acumulación, se pospone hasta el momento de reembolsar la inversión.   Los dividendos recibidos de incluyen en la base imponible del ahorro, y la entidad financiera donde recibas el dividendo retendrá el 19% de forma automática.  Esto no convierte a una clase en “mejor” que la otra; simplemente sucede en momentos distintos y con efectos distintos sobre tu planificación. Por eso, antes de decidir, vale la pena analizar si la “paga” periódica encaja, o no, con tu situación.  ¿Para quién puede tener más sentido invertir en un fondo de distribución? Los fondos de distribución o de reparto suelen ser más buscados por aquellos inversores que necesitan o quieren tener un flujo de ingresos regular. Tradicionalmente, esta situación aplica a los que ya se han jubilado y necesitan tener ingresos por encima de su pensión pública.  Son una alternativa habitual para aquellas personas que tradicionalmente han invertido en empresas que pagan buenos dividendos en la bolsa española, pero que prefieren diversificar su inversión.  ¿Y para quién puede ser mejor opción los de acumulación? Para quien está construyendo capital, quiere sacar todo el partido al interés compuesto y no necesita recibir ese ingreso en la cuenta.   En cualquier caso, no es necesario que toda la cartera siga la misma estrategia. Hay inversores que combinan ambas clases: una “columna vertebral” en acumulación, para hacer crecer el patrimonio, y una parte de distribución destinada a cubrir ciertos gastos o a dar estabilidad emocional al inversor.  Lo importante es tener clara la estrategia de inversión antes de invertir: qué quieres conseguir, con qué horizonte inviertes y entender muy bien qué tolerancia a las caídas de mercado.