Tipos de comisiones en los fondos de inversión y cómo afectan a tu rentabilidad
Cuando invertimos en un fondo de inversión solemos fijarnos en aspectos como la rentabilidad, el riesgo o el tipo de activos en los que invierte. Sin embargo, hay otro elemento que también merece atención: las comisiones y gastos del fondo, ya que afectan directamente a la rentabilidad que obtenemos como inversores.
A continuación, veremos qué tipos de comisiones tienen los fondos de inversión, para qué sirve cada una y cómo pueden influir en la rentabilidad. Así podrás comparar mejor distintos fondos y entender qué costes estás asumiendo antes de invertir.
Costes recurrentes o directamente relacionados con el funcionamiento del fondo:
En este primer grupo encontramos aquellas comisiones y gastos que se descuentan de la rentabilidad del fondo, reflejándose en el valor liquidativo diario.No suponen un cargo directo para el inversor.
Comisión de gestión: es el coste más conocido por los inversores. Se trata de un porcentaje anual que recibe la gestora para cubrir sus costes operativos, incluyendo el trabajo de selección de activos que componen la cartera del fondo. Según el tipo de activo o la estrategia del fondo puede ser mayor o menor. En el caso de los fondos indexados, la comisión de gestión suele ser más baja que en un fondo gestionado de manera activa. En fondos de renta fija, la comisión tiende a ser menor que en los fondos de renta variable.
Comisión de depositaría: lo cobra la entidad depositaria por realizar la labor de custodiar los activos que componen la cartera del fondo. El depositario tiene un papel fundamental y debe asegurarse de que la gestora actúe de acuerdo con las normas y condiciones establecidas para el fondo. En los fondos de inversión españoles, el límite máximo es el 0,2% anual.
Otros gastos recurrentes: suelen representar un coste muy pequeño y están relacionados con la propia operativa y funcionamiento del fondo (costes de auditoría, servicios legales y regulatorios y determinadas tasas).
Otros costes que conviene conocer:
Comisiones de suscripción y reembolso: estas comisiones no siempre existen. En caso de haberlas, se cobran por invertir y/o desinvertir en el producto. El importe de esta comisión se descuenta directamente del capital invertido o desinvertido del partícipe. En caso de que el fondo contemple comisión de reembolso, esta podría aplicarse también cuando el partícipe realice un traspaso hacia otro fondo. El límite máximo es del 5%.
Comisión sobre resultados: no existe en todos los fondos. En caso de que aplicara, suele cobrarse cuando la rentabilidad alcanzada del fondo supera un objetivo preestablecido, normalmente un índice de referencia o una rentabilidad mínima. Muchos gestores lo utilizan como incentivo a obtener un buen resultado; si la rentabilidad para el partícipe supera la referencia preestablecida, la gestora obtendrá también una mayor comisión. La forma de cálculo debe aparecer explicada en el folleto informativo.
¿Dónde consultar las comisiones de un fondo?
Toda la información referente a los fondos, incluyendo los costes, debe aparecer en la documentación oficial del producto a disposición del partícipe. Existen tres documentos que conviene leer antes de invertir. Todos ellos pueden consultarse en la página oficial de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Asimismo, el comercializador del fondo debe facilitar al inversor la documentación legal correspondiente antes de la contratación.
Documento de Datos Fundamentales (DDF o DFI). También conocido como KID (Key Information Document). Resume las principales características del fondo, sus riesgos y los costes.
Folleto informativo del fondo. Es un documento más extenso que contiene información más detallada sobre cómo funciona el fondo.
Informes periódicos publicados por la gestora. Permiten conocer la evolución del fondo, los activos en cartera y las decisiones tomadas por el equipo gestor.
¿Cómo comparamos los costes entre distintos fondos?
Uno de los indicadores más utilizados para medir los costes recurrentes de un fondo es el TER, Total Expense Ratio, o ratio de gastos totales. Expresado como porcentaje sobre el patrimonio medio, refleja determinados gastos del fondo durante un periodo.
Incluye principalmente las comisiones de gestión, de depositaría, así como los gastos de administración, auditoría, servicios legales y regulatorios y otros servicios necesarios para su funcionamiento. Estos gastos ya están incluidos en el valor del fondo, por lo que el inversor no los ve como un cargo separado.
No obstante, antes de utilizar el TER para comparar los costes de distintos fondos hay que prestar atención a las clases de participaciones. Un mismo fondo puede tener varias clases de participaciones, cada una identificada con su propio código ISIN, con diferentes comisiones, importes mínimos de inversión o condiciones de acceso. Por tanto, dos clases de un mismo fondo pueden tener costes distintos, y por ende un TER diferente.
Ahora bien, a la hora de comparar dos productos, es importante comprobar que estamos analizando la clase de participación que realmente podemos contratar (las características y condiciones de acceso estarán detalladas en el folleto).
Una vez hecha esta comprobación, el TER resulta útil para comparar el coste de fondos con características similares. En igualdad de condiciones, cuanto mayor sea el TER, menor será la rentabilidad neta que obtendrá el inversor. Además, debido al efecto acumulativo de los costes, una diferencia pequeña puede tener un impacto relevante cuanto más largo sea el horizonte de la inversión.
Sin embargo, es importante tener en cuenta que el TER no recoge todos los costes de invertir en un fondo. Existen otros gastos que pueden afectar a la rentabilidad final, como las comisiones de suscripción y/o reembolso, la comisión sobre resultados o determinados costes como el de compraventa de activos.
En resumen
¿Por qué pago estas comisiones? Es la pregunta que se plantean numerosos inversores ante la aparición de estos gastos. Se cobran por la gestión profesional que realizan las gestoras y bancos sobre tu inversión.
Algunas, como las comisiones de gestión o depositaría, se descuentan directamente del patrimonio del fondo y no suponen un cargo como tal para el inversor. Mientras que otras, como las de suscripción, reembolso o resultados, sólo se aplican en determinadas circunstancias.
La diferencia en comisiones es algo muy importante a la hora de elegir un fondo. Antes de invertir, conviene revisar la documentación del fondo y entender los costes que asumirás como inversor. Comparando costes entre fondos similares, a largo plazo, pequeñas diferencias pueden tener un impacto significativo en la rentabilidad neta del producto.