Tengo pérdidas con mis acciones, ¿debería vender o esperar a que suban?
“Es probable que los inversores hayan perdido más dinero por mantener acciones que en realidad no querían tener, para «por lo menos compensar lo invertido», que por cualquier otro motivo” Philip A. Fisher, Common stocks and uncommon profits. El principal objetivo de los inversores suele ser obtener la máxima rentabilidad posible por su dinero. Sin embargo, en ocasiones, el tiempo pasa y, no solo no consiguen beneficios, sino que pierden dinero. Y aparecen las dudas: “¿Debería vender?” “¿Y si justo vendo y sube?” “Seguro que en algún momento subirá, total yo no cuento con gastarme ese dinero…” “Por lo menos voy cobrando un dividendo todos los años” “No voy a vender perdiendo dinero, prefiero esperar y, al menos, recuperar lo invertido” Esta situación es más habitual de lo que parece. De hecho, muchos españoles mantienen sus acciones con pérdidas a la espera de una futura revalorización que nunca llega. Están “atrapados” con sus inversiones, dudando qué hacer.
Las pérdidas son dolorosas Las pérdidas son difíciles de asumir en cualquier ámbito, y la inversión no es una excepción. De hecho, cualquier pérdida nos duele mucho más (en torno a 2,5 veces más) que la satisfacción que sentimos por una ganancia equivalente. Por lo tanto, tendemos a dar mucha más importancia a recuperar el dinero de esa inversión en la que estamos perdiendo, que a obtener una rentabilidad extra. Esto se conoce como sesgo de aversión a las pérdidas, y explica, en parte, por qué muchos inversores no venden una inversión en la que pierden dinero, aunque vean alternativas más interesantes. Tendemos a pensar que “mientras no venda, no he perdido dinero”, y así, en nuestro cerebro, ese dinero deja de estar disponible hasta que se recupere la inversión inicial.
Por eso preferimos no vender Sin embargo, desde el momento en que tomas la decisión de mantener tu inversión en pérdidas, estás asumiendo un cierto coste de oportunidad: eliges que el dinero siga invertido en esas acciones y eso supone que no esté invertido en otras alternativas de inversión. Por ejemplo: “invertí 10.000 euros en acciones de XYZ, ahora sólo valen 6.000, así que voy a esperar a que recuperen los 10.000 euros antes de venderlas”. Sólo si conozco la empresa a la perfección y sé que en realidad vale lo que pagué en su día, tengo razones para aguantar… El problema es que muchas veces no entendemos exactamente en qué hemos invertido y, por lo tanto, no entendemos por qué el precio de esas acciones lleva tanto tiempo bajo y nos aferramos a ellas (quizá sea una empresa que tiene mucha deuda y que el mercado duda que pueda salir adelante, o una empresa que estuvo de moda, cuyo precio subió mucho porque tenía buenas perspectivas, pero que cada vez vende menos y tiene menos ingresos…).
No vender inversiones en pérdidas es una decisión también En la actualidad, hay miles de españoles con inversiones en pérdidas, bien porque las compraron a un precio superior al actual, o porque las heredaron y han preferido no venderlas. Y eso puede tener dos consecuencias: Pérdida de rentabilidad potencial: al asumir que el dinero debe quedarse invertido en lo que está, renuncian a que esté invertido en otra cosa que sí pueda tener rentabilidad en el futuro. Frustración, pereza y rechazo hacia la inversión: al no haber obtenido el resultado deseado, ni siquiera en el largo plazo, deducen que la inversión es para otros , que es muy difícil acertar y ganar dinero. No se plantean que haya otra forma de invertir. Para entender con números la pérdida de rentabilidad potencial, podemos comparar la evolución de la bolsa española con la de la bolsa mundial en los últimos 10 años. No se trata de una empresa concreta, que habría sido muy difícil adivinar a priori, sino el índice con las mayores empresas del mundo, en el que se puede invertir fácilmente en cualquier momento.
¿Por qué vender acciones con pérdidas recurrentes? Si nos tomamos en serio nuestro patrimonio y queremos que siga creciendo a largo plazo, debemos preguntarnos con frecuencia (una o dos veces al año) si está invertido en lo que debería. Para ello tenemos que olvidarnos del punto de partida y centrarnos en lo que tenemos disponible aquí y ahora: si vendiera todo lo que tengo invertido, ¿volvería a invertir el dinero en lo mismo? El dinero que haya perdido hasta ahora es cuestión del pasado, pero a la hora de tener el dinero en un sitio u otro, tengo que mirar a futuro: ¿dónde quiero tener el dinero invertido pensando en los próximos meses y años?
¿Cuándo y cómo cortar las pérdidas de las acciones? Una vez tomada la decisión de vender e invertirlo en otra cosa, lo más probable es que la respuesta sea “cuanto antes, mejor”. Durante un tiempo seguiremos mirando la cotización, y puede que en el corto plazo nos arrepintamos. Pero si ese dinero lo invertimos en algo con más perspectivas de rentabilidad, en el medio plazo superaremos las pérdidas asumidas y empezaremos a ver nuestra inversión con esperanza de ganar dinero. En general, mantener inversiones que no te convencen no es buena idea. Tienes dinero dedicado a algo en lo que ya no crees, de forma que ni le das el uso que quieres ni frenas las posibles caídas potenciales. Y emocionalmente te puede suponer una carga. Asumir que esa inversión no ha salido bien, y utilizar el dinero que aún te queda en una nueva inversión, suficientemente diversificada, puede ser el camino para volver a poner tu dinero a trabajar.