Para que te hagas una idea de la importancia de esta materia, las Naciones Unidas han calculado que desde 1990 las emisiones mundiales de dióxido de carbono han aumentado casi un 50 % (Naciones Unidas. Acción por el clima). Las consecuencias de ello se están traduciendo en un aumento real de la temperatura del planeta y el cambio climático.
Al final, en todas las fases del sistema se generan una serie de emisiones que repercuten en la huella de carbono final producida por la empresa. Por ello, a la hora de medir su huella de carbono también es fundamental comprobar qué medidas adopta para reducirla o compensarla. En este sentido será importante conocer su política de sostenibilidad, de transporte, si emplea energías verdes o si apuesta por desarrollar acciones que fomenten la economía circular de los recursos utilizados en su organización. Asimismo, también se deberá revisar si lleva a cabo políticas que persigan un impacto positivo en el medio ambiente, como proyectos de reforestación.
A partir de estos datos Clarity AI, especialistas en medir el impacto de transacciones financieras sobre el medio ambiente, es capaz de estimar la huella de carbono generada en función a la cuantía gastada, el comercio en el que se realizó, así como el sector al que pertenece y el país en el que está ubicado.
Ahora bien, en todo momento la información que se ofrece es una estimación, una valoración que puede ayudar a conocer cuál sería el impacto negativo que su actividad tiene para el planeta. La finalidad de ello es entender cómo va evolucionando a lo largo de los meses, si es posible adoptar medidas para reducirlas y si las acciones implementadas tienen el efecto deseado.
En definitiva, trabajar para reducir la huella de carbono es una labor colectiva basada en la idea de que, si bien es cierto que es muy difícil alcanzar el nivel cero de emisiones, sí podemos ejecutar pequeñas acciones con la finalidad última de reducir y minimizar sus efectos.