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Liquidez-plazos: no hay un término fijo para las acciones. Podemos tenerlas toda la vida o venderlas un minuto después de haberlas comprado. Eso sí, no todas las empresas ni todos los mercados son igual de líquidos (es decir, no en todos los casos es tan fácil vender el título siempre que queramos).Riesgo: muy elevado, a corto y largo plazo. Tener acciones de una única empresa puede ser muy rentable, pero también puede ser la ruina, si esa empresa quiebra.Rentabilidad: del cero al infinito. Los que invirtieran 5000 dólares en acciones de Apple en 1980 hoy serán multimillonarios (si no las han vendido), los que las compraran de Enron, hoy no tienen nada.
En los bonos, es complicado perderlo todo. Incluso en el caso de que el emisor no pueda pagar y acuda a concurso de acreedores, este proceso suele resolverse con una quita (impago parcial).
También aquí vale lo dicho en las acciones sobre la diversificación: poner todos los huevos en la misma cesta o prestar todo nuestro dinero al mismo deudor tiene mucho más riesgo que una estrategia dirigida a comprar bonos de diferentes emisores.
A la hora de adquirir el bono, la pregunta que debemos hacernos es si vamos a mantener el título hasta el vencimiento o queremos venderlo si sube su valor conforme a nuestras expectativas.
Liquidez-plazos: depende de cada emisión. Las hay a corto plazo (desde 3 meses) y a 30 años. Eso sí, es muy importante conocer si hay mercado para vender los bonos antes del cumplimiento del plazo en caso de necesidad.Riesgo: depende de la solvencia del emisor. En el mercado de bonos, el riesgo y la rentabilidad van de la mano. Cuando un emisor ofrece un tipo más elevado que el ofrecido por otro emisor es porque no le queda más remedio: el mercado lo considera menos fiable y le exige un tipo más elevado para financiarle (esa diferencia refleja el riesgo que el mercado anticipa entre un emisor y otro).
En los bonos, es complicado perderlo todo. Incluso en el caso de que el emisor no pueda pagar y acuda a concurso de acreedores, este proceso suele resolverse con una quita (impago parcial).
También aquí vale lo dicho en las acciones sobre la diversificación: poner todos los huevos en la misma cesta o prestar todo nuestro dinero al mismo deudor tiene mucho más riesgo que una estrategia dirigida a comprar bonos de diferentes emisores.Rentabilidad: es conocida desde el inicio. Ganaremos lo que diga el cupón del bono. Aquí sólo podemos incluir un matiz: si vendemos el bono antes de su vencimiento y el precio de este ha subido, podríamos obtener más rentabilidad de la prevista.
A la hora de adquirir el bono, la pregunta que debemos hacernos es si vamos a mantener el título hasta el vencimiento o queremos venderlo si sube su valor conforme a nuestras expectativas.
En este sentido, los fondos permiten al ahorrador medio diversificar ese riesgo con un coste más bajo y menos complicaciones que si lo hiciera él mismo. Al contratar un fondo, el inversor no tiene que lidiar con la complicación (y el encarecimiento) de comprar 40 acciones o bonos, seguir su evolución, vender y recomprar en el mercado… Todas estas tareas las asume el fondo y las ejecuta a un precio más bajo.
Gestión profesional: quizás el ahorrador medio no sabe de qué empresa o empresas comprar acciones o bonos. Por eso, adquiere una participación en un fondo. En el mismo, y a cambio de una comisión (el precio que paga por la gestión), un profesional agrupa el ahorro de muchos partícipes y lo invierte en su nombre.Diversificación y menor riesgo: como apuntábamos antes, la diversificación es una muy buena manera de reducir el riesgo. Y esto vale para las acciones y para los bonos. Puede caer una empresa, pero si tenemos 40 acciones diferentes, no sería normal que todas ellas se vinieran abajo.
En este sentido, los fondos permiten al ahorrador medio diversificar ese riesgo con un coste más bajo y menos complicaciones que si lo hiciera él mismo. Al contratar un fondo, el inversor no tiene que lidiar con la complicación (y el encarecimiento) de comprar 40 acciones o bonos, seguir su evolución, vender y recomprar en el mercado… Todas estas tareas las asume el fondo y las ejecuta a un precio más bajo.Ahorro en impuestos y flexibilidad: en España, los partícipes pueden cambiar de fondo sin tener que pasar por Hacienda. El traspaso es automático y los beneficios adquiridos hasta ese momento no pagan impuestos. Sólo cuando pasemos el dinero del fondo a nuestra cuenta corriente tendremos que abonar los impuestos correspondientes.
- No invertir en ningún producto que no conozcamos y comprendamos bien.
- Mirar siempre el precio (las comisiones) de los activos financieros en los que pensamos empezar a invertir. Es lógico pagar algo por la gestión y el servicio. Pero ni todas las comisiones están justificadas ni todos los gestores o asesores las merecen. Y a largo plazo, una comisión en apariencia pequeña puede marcar la diferencia entre una buena rentabilidad y una inversión decepcionante.